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Una renovada OSPM

Una renovada OSPM

20 de enero de 2015 | 12:00 | Crítica | Alejandro Fernández

Recibimos una lección de vigencia en la humildad de una institución musical a la que no deberíamos renunciar.

Solista: Juan Antonio Carrillo, violonchelo. Programa: Serenata en do mayor, op. 48; Variaciones sobre un tema Rococó para violonchelo y orquesta en la mayor, op. 33 y Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 de P. I. Tchaikovsky.

Cuando el reto, la voluntad y el esfuerzo se combinan, en ocasiones, todo ese caudal se transforma en un trabajo que supera sus expectativas centrando la atención no tanto en el mérito personal como en el resultado que percibe el destinatario último de esta labor: el público. Muchos, entre ellos quien les escribe, apreciábamos a la Orquesta Sinfónica Provincial como un buque varado cuando no a punto de zozobrar, desde la marcha del anterior titular de la formación, quedaba claro la grieta abierta primero entre los propios miembros, y en segundo lugar, los propios aficionados, a los que se les ha ofrecido programas cuestionables en cuanto a su calidad como conjunto. La OSPM descendió para finalmente depositar su confianza en una de las batutas formadas en Málaga, la del maestro Salvador Vázquez, quien compagina también la dirección del Coro de Ópera de Málaga. Vázquez no ha mirado atrás, más bien ha marcado un horizonte centrado en el trabajo serio y convincente, el equilibrio en las propuestas musicales y una mayor presencia en la agenda cultural de Málaga y provincia.

El tercer concierto del Ciclo Extraordinario que dedica la OFM a la figura de Tchaikovsky volvió a conocer, este sábado, un nuevo lleno del Auditorio Edgar Neville, constante que se viene repitiendo desde el arranque el pasado martes con la JONDE. Con la OSPM en el escenario y José Antonio Carrillo como solista, Salvador Vázquez tomo la dirección de un programa con tres obras obligadas del gran repertorio escrita por el genio ruso. El conjunto sinfónico repasó tres géneros bien distintos con rasgos y características que planteaban enfoques diferenciados. Entre la Serenata en do y la Quinta sinfonía de Tchaikovsky median algo más de una década y sin embargo, en ambas el carácter y personalidad del compositor se reflejan como si de un caleidoscopio se tratase. Buena parte del éxito de este concierto de la OSPM radica en la asimilación de esta idea, que junto a la labor de conjunto y las anotaciones marcadas por la batuta de Salvador Vázquez lograron facturar un trabajo de nivel aunque precise aún pulido y un toque de empaste.

Otra de las sorpresas del concierto fue el chelo de Juan Antonio Carrillo, quien se atrevió con las Variaciones sobre un tema Rococó para violonchelo y orquesta. Carrillo por encima de su juventud combinó talento y técnica con una página nada fácil para un intérprete, ya que su carácter marcadamente virtuoso apenas deja respiro al solista al que exige precisión, soltura y gusto musical.

Cuatro movimientos articulan la que posiblemente sea la sinfonía más conocida e interpretada junto con la Sexta. Trabajo controvertido donde nuevamente Tchaikovsky se planteaba serias dudas sobre la originalidad de su catálogo. Es en esta página donde posiblemente sea más evidente el trabajo en cuadros independientes que caracterizan la música del maestro ruso, prueba de ello son los movimientos extremos tan contrastados en luz y sombra. La Quinta en los atriles de la OSPM cobró la suficiente densidad como para hacer creíble la lectura dirigida por Salvador Vázquez; manejó la partitura con decisión, unidad y contraste. Quienes pensábamos desde el recuerdo recibimos una lección de vigencia en la humildad de una institución musical a la que no deberíamos renunciar y que merece un decidido apoyo tanto por los aficionados como por las administraciones.

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